martes, 10 de enero de 2017

En bici por el fin del mundo

En cualquier parte del mundo te encuentras gente recorriendo los caminos en bicicleta. Como no podía ser menos, en medio del altiplano boliviano también.




El desierto de Siloli, al suroeste de Bolivia y a cinco mil metros de altitud, forma parte del desierto de Atacama y está considerado uno de los desiertos más áridos del mundo. Volcanes, grandes desniveles, formaciones rocosas y fuertes vientos conforman esta zona. La dificultad que supone la altitud, la soledad del desierto, un clima riguroso y unos caminos duros, polvorientos y empedrados, hacen aparentemente poco atractivo el lugar para pensar en recorrerlo en bicicleta. Sin embargo, a pesar de las condiciones extremas, son muchos los ciclistas que deciden aventurarse a cruzar estos terrenos inhóspitos, camino de las lagunas de colores, de la reserva nacional de fauna andina o del salar de Uyuni en sus frágiles vehículos de dos ruedas.

Las dificultades para enfrentarse al desierto de Siloli sin más fuerzas que las de tu propio cuerpo y sin más armas que tu bicicleta, viéndolos pedalear son más que evidentes. Aunque no se vean, hay que imaginar que los argumentos que llevan los ciclistas en las alforjas para embarcarse a hacerlo tienen que ser muy poderosos.

Dos de las razones que suelen esgrimir los ciclistas al explicar por qué eligen esa forma de viajar tienen que ver con el placer que para ellos supone poder recorrer los caminos apoyándose en su propio esfuerzo, así como el haber encontrado una velocidad óptima de desplazamiento que les permite sentir y vivir la ruta de forma plena, con todos los sentidos. Algunos añaden una tercera razón relacionada con el esfuerzo que llevan a cabo, tanto por la satisfacción que lleva consigo la superación del reto al afrontar el viaje de una manera tan humilde, como que el hacerlo así suele provocar simpatía y un interés por parte de los lugareños en ayudar al ciclista de la forma que sea a soportar el esfuerzo. Al cruzarse por el desierto con estos sudorosos y polvorientos deportistas uno piensa que tiene que ser mucha esa satisfacción que les llega al alma tras superar el reto, para compensarles del inhumano esfuerzo que implica la aventura. 




"No busco más que descubrir junto a mi bicicleta las maravillas y desgracias en nuestra tierra, disfrutar de la naturaleza y acabar los días con la satisfacción de estar agotado y sin energía, dormir bajo las estrellas cuando se pueda, hospedado por desconocidos que acaban siendo amigos y aprender de las infinitas lecciones del camino”.

Javier. Lleva 4 años viajando en bicicleta por el mundo


domingo, 8 de enero de 2017

La Paz, la capital sin título


Llegar a La Paz desde El Alto impresiona. Es un espectáculo ver cómo las calles de la ciudad empiezan a descender en cascada desde el altiplano andino por una ladera empinada llena de casas. A lo lejos, desde sus 6.465 metros de altura, el Illimani observa.



En contra de lo que mucha gente cree La Paz no es la capital de Bolivia. Es verdad que el área metropolitana aglutina a la mayor parte de la población del país, que La Paz es la sede del Gobierno y el centro político-administrativo de Bolivia, pero la capital oficial del país está en Sucre. En cualquier caso La Paz es la ciudad más indígena y a la vez la más cosmopolita. Confluye en ella gente de todas las zonas del país e inmigrantes de otros lugares del mundo.

Su configuración orográfica y urbana permite que el recién llegado se oriente fácilmente en la ciudad y se sienta permanentemente desafiado por sus pendientes y atraído por las múltiples perspectivas que, desde sus distintos ángulos, ofrece.

Tiene una plaza muy concurrida y animada, un monasterio de Franciscanos de la época colonial que ahora es museo e iglesia, varios miradores desde los que se puede ver toda la ciudad rodeada de montañas nevadas, con miles de casas bajas que cuelgan por la falda de la montaña y en la calle mucha gente ataviada con colores llamativos, amable y sonriente. En los abundantes mercados callejeros se puede encontrar todo lo que se precise y hasta muchas cosas poco imaginables.





El oficialmente llamado Palacio de Gobierno, al que todo el mundo conoce como Palacio Quemado después de haber sufrido un grave incendio en 1875, es el Palacio Presidencial de Bolivia, la sede principal del Poder Ejecutivo boliviano, así como el lugar en el que desempeña su actividad gubernamental el presidente del país. El edificio está en la céntrica Plaza Murillo, justo al lado de la Catedral y prácticamente pegado al edificio del Parlamento de Bolivia.


Se llaman micros estos veteranos y pequeños autobuses de colores llamativos que hacen rutas fijas por la ciudad.  Es el más pintoresco y el más popular de los transportes para desplazarse por La Paz. Estos coloridos buses informan de sus paradas con carteles en los parabrisas. Los colores determinan la ruta de estas “movilidades”, que es como se refieren en Bolivia a los vehículos. Para subirse basta con pedir la parada desde alguna de las esquinas por las que pasa. 



Uno de los lugares emblemáticos de La Paz es la calle Jaén. Es una calle empedrada y llena de historias misteriosas que se esconden detrás de las paredes de sus casas coloniales. Hoy hay en ella salas de arte y varios museos.

Su nombre no tiene nada que ver con la ciudad andaluza, sino con Apolinar Jaén, uno de los líderes independentistas ejecutados tras la revolución de 1809. Junto a él también fue ejecutado Pedro Domingo Murillo, que tenía su residencia familiar en esta misma calle.
  
Al entrar por la calle Indaburo, se aprecia una cruz verde, que se utilizó en su día para liberarla de los espíritus malignos que entonces la hacían intransitable. Antaño era conocida como Kaura-Kancha y la gente al pasar por allí decía presenciar y oír fenómenos extraños, fantasmas, almas en pena, ruidos de carruajes y cadenas, que sembraban el pánico entre los habitantes.

El mercado de las Brujas es un original mercado desparramado por algunas calles céntricas de la ciudad, especialmente en Sagárnaga y Linares. Abundan las prendas tradicionales en lana de alpaca, de vicuña o de llama y los instrumentos musicales propios del país. En muchas tiendas se venden artículos de santería, pócimas, estampitas, imágenes, amuletos, hierbas medicinales y fetos de llama disecados para realizar rituales ancestrales de todo tipo, especialmente dedicados a la Pachamama, la diosa totémica de los incas que representa a la Madre Tierra. 



La Plaza Murillo. Además de encontrarse en ella el Palacio Quemado, el Parlamento boliviano y la Catedral, es el eje del bullicio, el lugar de confluencia, el centro popular de la capital. Sobrada de gente, de tráfico, de turistas, de autobuses, de vendedores callejeros y de bocinas, que envuelven y eclipsan el monumento central en memoria del líder independentista Pedro Domingo Murillo. Inmerso en esta vorágine uno llega fácilmente al convencimiento de que el nombre de la ciudad de la Paz no se debe precisamente a la tranquilidad que se respira en sus calles, siempre ajetreadas y con un ritmo cotidiano desenfrenado. 

El mirador Killi Killi es un lugar estratégico, una atalaya privilegiada desde la que podemos apreciar la fisonomía y percibir el ritmo y los latidos de la ciudad. Killi Killi significa halcón pequeño en aimara y el mirador se llama así porque aquí se oía el canto de un halcón que no se percibía en ninguna otra parte de la ciudad.

La Paz tiene aproximadamente un millón de habitantes al que hay que sumarle otro millón de la gente que vive en el Alto, la ciudad con la que se funde y se confunde La Paz. Desde El Alto las vistas de la ciudad son impresionantes, con la imponente cumbre nevada del Illimani al fondo, dominando el horizonte. 


martes, 3 de enero de 2017

Samaipata, un "fuerte" lleno de misterio

Este “lugar de reposo entre las montañas” es un poblado arqueológico que alberga interesantes claves sobre diferentes civilizaciones primitivas así como el mayor petroglifo del mundo, con muchas inscripciones sin descifrar.


A 120 kilómetros (o 3 horas) de Santa Cruz de la Sierra, se encuentra la pequeña localidad de Samaipata, cuyo significado en lengua quechua sería algo así como “lugar de reposo entre las montañas” o “descanso en las alturas”.  Muy cerca, apenas a seis kilómetros y a casi dos mil metros sobre el nivel del mar, se localiza el mayor petroglifo del mundo, ubicado en uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de América, catalogado como patrimonio de la humanidad por la Unesco. El área arqueológica es conocida con el nombre de “El Fuerte”, nombre dado por los españoles a este emplazamiento inca fortificado en lo alto de un risco. 

Se puede definir simplificadamente El Fuerte de Samaipata como un lugar misterioso que se presta a múltiples hipótesis acerca de su origen y funcionalidad.
 
Se cree que es obra de la cultura pre-amazónica chané y que más tarde fue utilizada como ciudad avanzada por el imperio inca. Después del uso militar que le dieron los españoles, se formó un asentamiento colonial muy próximo valle abajo que dio lugar al pueblo de Samaipata, quedando paulatinamente en desuso el fuerte y originando que toda el área cayera rápidamente en el olvido y fuera cubierta casi en su práctica totalidad por la vegetación. Más tarde el lugar se convirtió en una zona de paso y espacio de refugio para pastores y agricultores locales, que mantuvieron viva la memoria de sus ruinas y transmitieron de generación en generación la grandeza de un tiempo al que el mundo moderno había condenado a la amnesia histórica. 

No fue hasta el siglo XVIII cuando comenzó a redescubrirse el lugar. En 1795, el naturalista checo Tadeas Haenke hizo una de las primeras anotaciones sobre El Fuerte de Samaipata, aunque hasta el siglo XX no comenzaron a realizarse las primeras excavaciones arqueológicas.

El espacio está dividido en dos sectores, uno ceremonial y otro residencial-administrativo. El primero está situado en una piedra gigantesca, en la que se puede apreciar gran número de hornacinas con diseños de tipo zoomórfico, como serpientes o jaguares, así como diferentes dibujos geométricos. Está considerado el mayor petroglifo del mundo. En el punto más alto de la gran roca de piedra existe un curioso emplazamiento de asientos conocido con el nombre del “Coro de los Sacerdotes”.


En el sector residencial y administrativo se encuentra la Aquillahuasa, un convento para las mujeres elegidas que realizaban trabajos artesanales, tejían telas para los incas y se convertían en sus esposas. Estas mujeres participaban en las ceremonias religiosas, se utilizaban como intercambio para sellar alianzas con otros pueblos y, en ocasiones, eran sacrificadas en las mismas. La Aquilahuasa o "Casa de las Escogidas" está compuesta de 12 estructuras habitacionales.



La Casa Española es una edificación que presenta planta del estilo constructivo árabe andaluz, en forma de media hache y patio central. Dentro se han encontrado utensilios de estilo decorativo colonial. Lo más probable es que los españoles hubiesen derribado una antigua construcción inca para edificar esta casa.


En el sector administrativo una gran plaza trapezoidal y al lado una Kallajta, un edificio rectangular típico de las ciudades incas  para reuniones públicas, fiestas y alojamiento de soldados y visitantes. Posee un total de nueve puertas, ocho en el frontal y una más en la parte posterior.


lunes, 2 de enero de 2017

Las momias de Coqueza

Coqueza es el punto desde el que arranca la ascensión al mítico volcán Thunupa que, según la leyenda, con su leche y sus lágrimas dio lugar al fantástico Salar de Uyuni. Un poco más arriba del pueblo, en la ladera de la montaña, se han encontrado muchos restos de civilizaciones preincaicas.


Atravesando el Salar de Uyuni, en uno de los laterales al  norte del mismo se encuentra el gran volcán Thunupa (5432 m), un volcán femenino al que, dice la leyenda, los volcanes vecinos arrebataron su hijo recién nacido. Su desconsuelo fue tal que sus lágrimas y la leche materna derramada inundaron el valle para configurar el actual salar. En la falda del famoso volcán, a 3400 m. sobre el nivel del mar, se encuentra el pequeño pueblo de Coqueza, con ruinas precolombinas. Uno de los atractivos es subir en 4x4 la montaña por una senda hasta los 3800 m. Allí, en medio de la ladera, se descubrió no hace mucho una pequeña cueva, actualmente cerrada con una puerta para evitar el deterioro, en cuyo interior se podía y se puede observar una escalofriante escena familiar con protagonistas antiquísimos momificados. 




“Las momias de Coqueza” no se han movido desde hace más de 500 años, cuando allí les sorprendió la muerte. Se trata de una pequeña familia de 4 personas y un poco separadas de ella otras dos más. Conservan casi intactos parte de la piel, el pelo y las uñas, así como restos de los mantos con los que se protegían del frío seco del Altiplano boliviano. A su alrededor tienen utensilios y vasijas. También les han dejado hojas de coca que aún están verdes. Los pobladores todavía les rinden culto con ese tipo de ofrendas. La cueva se mantiene en total oscuridad para evitar que la luz y el viento las deteriore. Verlas “en vivo”, con sus ropas y cabellos, resulta estremecedor y nos hace retroceder en el tiempo hasta la primitiva América precolombina. 

El guía asegura que los restos humanos están tal cual fueron encontrados y que no se conoce la causa de la muerte aunque se supone que podría haber sido una ola de frío que les mantuvo allí atrapados sin poder salir de la cueva hasta que murieron congelados. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

Tiwanaku, una ciudad de 3000 años

Cuando llegaron aquí los conquistadores y preguntaban a los nativos por esta ciudad en ruinas, éstos contestaban "Thia wañaku". Los colonizadores supusieron que era el nombre del lugar, aunque en realidad 'thia' significa ribera en lenguaje amara y 'wañaku' seca. 


El agua se ha esfumado hace tiempo de este complejo arquitectónico, en el que se encuentran abundantes restos arqueológicos de lo que fue en su día la capital de la cultura tihuanacota. Es un lugar en el que la disposición de los elementos que  se conservan y el silencio que desprende, unidos a un poco de imaginación por parte del visitante, permiten revivir los movimientos de los primitivos aimaras enfrascados en sus faenas cotidianas o celebrando alguno de sus rituales ceremoniosos. En su momento Tiahuanaco (o Tiwanacu en aimara) se encontraba a orillas del Lago Titicaca, aunque hoy las aguas se han retirado y se encuentran a unos 15 km de distancia.


Este sorprendente poblado preincaico está situado a tan solo 75 kilómetros de La Paz y es uno de los pocos vestigios que quedan de la civilización precolombina del mismo nombre. En su época de auge fue un gran imperio. Su dominio abarcó los territorios de la meseta del Collao, entre el suroeste de Peru, el oeste de Bolivia, el norte de Argentina y el norte de Chile, regiones desde las cuales irradió su influencia hacia otras civilizaciones contemporáneas para llegar a extenderse a lo largo de 600.000 kilómetros cuadrados. 

Uno de los elementos importantes que caracteriza la singularidad del complejo arqueológico son las enormes piedras que se encontraron en el lugar, de aproximadamente diez toneladas, que los tihuanacotas cortaban, les daban forma cuadrada o rectangular y esculpían con facilidad. El sorprendente manejo de estas piedras gigantescas dio lugar a todo tipo de especulaciones y rodea todavía hoy a Tiwanaku en un clima de misterio. 


Dentro del recinto llaman la atención los monolitos antropomorfos hechos en un solo bloque de piedra, especialmente el conocido como estela  Pachamama o monolito Bennett, en honor al arqueólogo Wendell Bennett, su descubridor.

En cierto modo, estas tallas gigantescas parecen una versión andina de los famosos moáis de la Isla de Pascua. 

El monolito Ponce o estela Ponce, es un monumento que se halla en la parte este del complejo arqueológico, en el interior del recinto del templo de Kalasasaya, también denominado templo de las Piedras Paradas. De aspecto antropomorfo, se cree que representa a una autoridad o personaje poderoso tiwanacota divinizado. En las inmediaciones se encuentra otro, el conocido como monolito Fraile o Dios del Agua.




La Puerta del Sol. Es la más conocida de las construcciones de Tiwanaku, un gran bloque de roca volcánica con forma de puerta. En la parte superior tiene un friso con una figura central del Señor de los Báculos, comúnmente confundido con Viracocha, rodeado de cóndores y criaturas aladas.  Sus manos tienen cuatro dedos y en las mejillas unos pequeños agujeros a modo de lágrimas. De su cabeza parten 24 apéndices en forma de rayos.





En el centro del templo Semisubterráneo hay dos monolitos y las paredes están decoradas con cabezas esculpidas en piedra, conocidas como las cabezas clavas. En uno de los laterales se encuentra la puerta principal de acceso al templo de Kalasasaya.

Pirámide de Akapana. Es una estructura constituida por 7 terrazas escalonadas separadas por muros de piedra labrada que recuerda a la pirámide egipcia de Zoser en Saqara y a las protopirámides egipcias. Se cree que los tiwanacotas lo usaban como lugar de culto y está orientada  hacia los puntos cardinales.