miércoles, 8 de febrero de 2017

Evo si, Evo no

Evo Morales, el primer presidente indígena en la historia de Bolivia, no deja indiferente a nadie en su país. Todo el mundo se pronuncia con rotundidad en un sentido u otro cuando se le pregunta por él. O bien se está en claro desacuerdo con su labor y se critica abiertamente su política, o bien se comulga religiosamente con las decisiones que el desarrollo de su ideología conlleva. Pero a nadie le da igual. O con él o contra él.

Hace algo más de dos años, en octubre de 2014, el presidente Evo Morales fue reelegido para un tercer período al frente del Estado Plurinacional de Bolivia, por lo que, en principio, se mantendrá hasta 2019 en el cargo. De esta forma totalizaría 14 años de mandato, el más largo en Sudamérica por decisión democrática.

Con posterioridad a esa reelección, en febrero de 2016, el presidente perdió por estrecho margen un referéndum en el que solicitaba a los bolivianos la aprobación o rechazo de una reforma de la Constitución que posibilitase una segunda reelección (en lugar de una solamente que señala actualmente la Carta Magna). Morales, en favor de la reforma constitucional argumentaba que esa posible ampliación para continuar en su cargo al frente del país, le permitiría completar las reformas puestas en marcha que, de otra forma, podrían verse truncadas.

Cuando nosotros estuvimos allí, en diciembre de 2016, no había entre la población un criterio definido con claridad acerca de la necesidad de esa prórroga, ni tampoco de la labor de Evo Morales al frente del gobierno. Pintadas con el sí y con el no adornaban los muros por todos los rincones del país. Algunos entienden que la pretensión del antiguo líder cocalero únicamente se sustenta en un deseo de mantenerse en el sillón del poder, otros admiten sin asomo de duda su buen hacer en la presidencia pero ponen en duda la honradez de la gente que le rodea. En cualquier caso, son pocos los bolivianos que no están de acuerdo en reconocer que los avances conseguidos por el presidente indígena durante el tiempo que lleva al frente del gobierno son muy importantes.

Tanto los partidarios de su continuidad como sus adversarios políticos admiten que en estos años se han producido resultados espectaculares en muchas variables económicas. Así, por ejemplo, la pobreza extrema se ha reducido a menos de la mitad (del 37 al 18% de la población), las inversiones públicas se han multiplicado por 40 (de 629 a 24.561 millones de dólares, el PIB creció de 9 mil a 34 mil millones de dólares y el salario mínimo se cuadruplicó (de 440 bolivianos a 1.656). En otro orden de cosas la mortalidad materna ha descendido de 229 a 90 mujeres por cada 100.000 nacimientos, el 100% de la población dispone de servicios de salud y hoy Bolivia se ha convertido en un territorio libre de analfabetismo, aun siendo un país en que se hablan tantos idiomas distintos, como castellano, aimara, quechua y guaraní.

Seguirá o no seguirá, pero hay que reconocer que no les ha ido mal a los bolivianos con este primer  indígena presidente.

sábado, 28 de enero de 2017

Cochabamba, capital de los valles

Situada en el corazón del país, es la tercera capital de Bolivia en orden de importancia. Presume de haber montado el Cristo más grande del mundo y tiene fama reconocida de gozar de un ritmo apacible en sus calles y disfrutar de una esmerada gastronomía.


La ciudad de Cochabamba se encuentra en el centro del departamento de Cochabamba y del país, por cuyas razones es considerada y conocida como el corazón de Bolivia. El nombre de Cochabamba se debe a la unión de dos palabras quechuas: q’ucha que significa lago y pampa que es llano. Hacen referencia a la laguna Alalay que se encuentra en la ciudad. Los alrededores de la laguna y el valle de Cochabamba fueron poblados desde hace diez mil años por cazadores y recolectores debido a sus fértiles suelos y al clima templado que hay en la zona. 

Hoy Cochabamba es una ciudad de tamaño medio, comercial, activa y de vida tranquila. El ocio se concentra en torno a la plaza 14 de septiembre, la calle España y a lo largo del bulevar El Prado. Muy cerca se encuentra la Universidad Mayor de San Simón, orgullo de la ciudad por ser una de las más antiguas y prestigiadas de Bolivia.





Palacio Portales. Es una casona colonial construida en su día para ser la residencia de Simón I. Patiño, un millonario boliviano llamado “el barón del estaño”. Este hombre de negocios, que llegó a encontrarse entre los hombres más ricos del mundo, nunca llegó a habitarla. Sus jardines fueron diseñados por expertos japoneses a imitación de los del Palacio de Versalles. Actualmente alberga el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño.


Un gran Cristo. El Cristo de La Concordia es una colosal estatua que forma parte del atractivo turístico de la ciudad. Aunque hay alguna duda, los bolivianos consideran que es la estatua de Jesús más grande del mundo. Con su gran envergadura y su emplazamiento, la imagen es visible desde cualquier punto de la ciudad. Se encuentra en la Colina San Pedro, un cerro situado a más de 200 m. de altura sobre Cochabamba. La estatua  mantiene los brazos abiertos al norte y al sur de la ciudad, mientras mira hacia el oeste. La panorámica de la ciudad que se puede apreciar desde la cima es de gran belleza.





Aires de Carnaval. Los festejos que acompañan al Carnaval tiene una gran tradición en toda Bolivia. Aunque son muy famosos los de Oruro, Tarija, Santa Cruz o Potosí, en Cochabamba también se viven con gran intensidad. Durante las semanas previas a la fiesta diferentes grupos ensayan el desfile por las calles bailando diferentes danzas populares y folklóricas que ellos mismos coreografían, para luego competir entre sí.


Museo de la Universidad Mayor San Simón. Es Instituto de Investigaciones Antropológicas y Museo Arqueológico. Dispone de una interesante colección paleontológica con fósiles de hace 450 millones de años, una curiosa colección arqueológica con objetos de culturas precolombinas y momias preincaicas y una colección etnográfica con alambiques, instrumentos musicales y vestimentas étnicas propias de la zona.


sábado, 21 de enero de 2017

Sucre, donde nació Bolivia

Cuatro nombres muy gloriosos tiene nuestra capital 

son La Plata, Charcas, Sucre, Chuquisaca la inmortal.

 



Sucre es la capital oficial de Bolivia y probablemente la niña bonita, la más agradable, una ciudad reposada que, desde el primer momento, produce una sensación placentera de tranquilidad. Es conocida como La ciudad blanca por su arquitectura, su aspecto y su color que, en ciertos aspectos, recuerda cualquier pequeña ciudad andaluza actual. También se conoce como La ciudad de los cuatro nombres por las diferentes denominaciones que ha tenido: Charcas, La Plata, Chuquisaca y Sucre.


El Padrino de la República. A este sacerdote diputado por Potosí, Manuel Martín Cruz, al que la gente llamaba Paco Chico, se le conoce en Bolivia con el sobrenombre de Padrino de la República porque a él debe precisamente el país su nombre actual. Tras proclamarse en 1825 la república de Bolívar en la Casa de la Libertad de Sucre, el diputado propuso que se cambiase el nombre inicial de República de Bolívar por el de República de Bolivia. El sencillo argumento del sacerdote tuvo una gran acogida. En esencia decía   “...pues si de Rómulo es Roma, de Bolívar debe ser Bolivia”. 



El centro de Sucre se encuentra rodeado de colinas por lo que, si se quiere apreciar bien el tamaño y el aspecto de la ciudad en su conjunto, lo mejor es lanzarse cuesta arriba por alguna de las calles empinadas, hasta llegar a uno de los lugares desde el que mejor se divisa la capital de manera global, que es la Recoleta. 


La Recoleta es un privilegiado mirador, construido en 1979 en la base del cerro Churuquella, desde el que se puede disfrutar de todo el esplendor de la ciudad. La zona en sí es muy interesante. Además de la visión privilegiada de la ciudad, se disfruta de la vida en la plaza, con la fuente de La Peregrina y flanqueada por unas llamativas arcadas. En una de las esquinas hay un antiguo reloj de sol y enfrente la iglesia del monasterio franciscano de La Recoleta. Un buen lugar desde el que se aprecian las mejores vistas de la ciudad y donde uno se puede sentar tranquilamente en su corredor porticado a ver pasar el día. 



Entre otros valores incuestionables, Sucre atesora el haber sido determinante en la historia del país. Cualquier lugareño al que se le pregunte en la plaza 25 de Mayo por los sitios a visitar en la ciudad, señalará con aire de suficiencia el lugar en el que se firmó la declaración de independencia de Bolivia, la Casa de la Libertad, avalando al mismo tiempo el indudable interés de la indicación con un contundente “Es que aquí nació Bolivia”, que repetirá con orgullo.


En Julio de 1825, en la Sala Mayor de esta Casa de la Libertad, antigua universidad de San Francisco Javier de Chuquisaca, se reunió la Asamblea de Diputados de las cinco provincias altoperuanas (el Alto Perú abarcaba entonces gran parte de Bolivia y el sur de Perú), convocada por el mariscal Sucre para deliberar sobre el destino del país. El resultado final fue la decisión de rebelarse contra el Reino de España, proclamar la independencia y fundar la nueva República de Bolívar. 

En un lugar destacado de la sala figura el retrato de Juana Azurduy, la gran heroína de la independencia del Alto Perú. Mestiza y huérfana desde edad muy temprana, pasó sus primeros años en un convento de monjas de su provincia natal, Chuquisaca. Iniciada la revolución independentista se unió a los ejércitos populares, creados tras la destitución del virrey. Por sus valientes intervenciones se le otorgó el rango de teniente coronel de las milicias. Murió  a los ochenta años de edad en la miseria más absoluta.

El que en Sucre se haya asentado inicialmente la Real Audiencia de Charcas (máxima autoridad judicial de Cochabamba, Chuquisaca, La Paz, Potosí y Puno) y posteriormente la del Estado boliviano, así como la Corte Suprema de Justicia, le ha ido proporcionando a la ciudad un aire distinguido, un reconocimiento especial y el tono influyente del que ahora goza.




Sucre es una ciudad agradable para pasear, una ciudad con un centro urbano interesante (de hecho, su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su estado de conservación y por ser un claro ejemplo de la arquitectura de los tiempos coloniales), fácil para recorrer a pie, con casitas bajas bien saneadas, que en muchos aspectos recuerda más a un pueblo que a una capital.


Catedral metropolitana de SucreSe encuentra en la plaza 25 de mayo. Aunque la construcción comenzó a mediados del siglo XVI, se interrumpió en varias ocasiones y no estuvo terminada hasta el año 1712, por lo que tiene una mezcla de características arquitectónicas de los estilos renacentista y barroco con influencias mestizas. 


La Plaza 25 de Mayo. Es el corazón de Sucre. Grandes palmeras, bullicio, palomas y gente sin prisas. En el centro una estatua del mariscal Sucre, alrededor edificios coloniales, administrativos y religiosos, así como regios caserones de noble porte. 


Convento y callejón de Santa Teresa. El Convento de Santa Teresa, muy querido en Sucre, es un convento de clausura de las madres carmelitas. Las monjas venden diariamente naranjas confitadas caseras, dulces, higos y limas por medio de una pequeña puerta giratoria. A un lado, el callejón de Santa Teresa, un pasaje rodeado de historias misteriosas, que se consideraba estaba embrujado. La gente no pasaba por allí. Llegó a pavimentarse con huesos de rodilla de vaca dispuestos en forma de cruz, símbolo de buena suerte local. El callejón se consideraba un lugar siniestro y se pensó que era la manera más adecuada de proteger a los transeúntes. En la década de 1960 fue repavimentado con los adoquines que se ven hoy.

Simpáticas cebras humanas. En Sucre y en alguna otra ciudad boliviana, sorprende la presencia de personas disfrazadas de cebras en medio de la calzada. Son educadores ciudadanos que se encuentran en puntos estratégicos para mejorar el comportamiento de conductores y peatones de forma amigable; evitan que los vehículos invadan los pasos de peatones, que los viandantes circulen por la calzada o que crucen cuando el semáforo está en rojo.

El que en Sucre se haya asentado inicialmente la Audiencia de Charcas y posteriormente la del Estado boliviano, así como la Corte Suprema de Justicia, le ha ido proporcionando a la ciudad un aire distinguido, un reconocimiento y el tono influyente del que ahora goza.








Sucre es una ciudad agradable para pasear, una ciudad con un centro urbano interesante (de hecho, su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su estado de conservación y por ser un claro ejemplo de la arquitectura de los tiempos coloniales), fácil para recorrer a pie, con casitas bajas bien saneadas que, en conjunto, recuerda más a un pueblo que a una capital.






viernes, 13 de enero de 2017

Titicaca, el lago de los pumas de piedra

El lago navegable más alto del mundo y el lago sagrado de los incas. Situado en el altiplano andino a una altitud de 3812 m. Es territorio compartido casi a partes iguales entre Bolivia y Perú. 



Dicen que hace mucho tiempo, el lago Titicaca era un valle fértil cuyos habitantes vivían felices. Los Apus, los dioses de las montañas, los protegían a condición de que no subiesen a las montañas donde ardía el Fuego Sagrado. Un día, los hombres quisieron llegar a la cima y los Apus decidieron exterminarlos. Miles de pumas salieron de las cavernas y los devoraron. Inti, el dios del Sol, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes que inundaron el valle. Solamente un hombre y una mujer pudieron salvarse. Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer vieron con sorpresa que bajo el cielo azul, en medio de un lago inmenso, flotaban los pumas transformados en estatuas de piedra. Desde entonces llamaron al lago Titicaca, el lago de los pumas de piedra.

No se puede saber si esa aureola mágica que desprende el lago Titicaca pudiera deberse a que Manco Capac y Mama Ocllo, los hijos de Inti, el dios sol, hubieran nacido aquí como dice la leyenda. En cualquier caso, es verdad que algo especial tiene el lago Titicaca cuando en todo el mundo despierta sensaciones encontradas, una curiosa mezcla de misterio inquietante y relajante placidez. Parece que las aguas de color azul intenso atraen irremediablemente a los viajeros y a la vez los atemorizan. En realidad, el lago Titicaca son dos lagos unidos por el estrecho de Tiquina. El más grande es el lago Mayor también llamdo Chucuito. Al sur, el llamado Menor o Wiñay Marka.




Huatajata es un pueblo a orillas del lago. Los pobladores son antiguos kallawayas, sanadores tradicionales, expertos en plantas medicinales (en aimara kallawaya significa país de los médicos). En Huatajata vive la familia Limachi, que son los últimos constructores de embarcaciones hechas con totora, una especie de junco que crece en el lago. De sus manos ha salido la embarcación RA II con la que el explorador noruego Heyerdhal cruzó el Atlántico en compañía del joven Limachi y otros seis hombres, para demostrar que se podían hacer grandes travesías por el mar hace mucho tiempo, lo que explicaría las similitudes entre las pirámides, las momias y la escritura jeroglífica de México o Perú y Egipto.


Isla del Sol. Además de ser la más grande del lago, es la isla sagrada de los incas y un lugar maravilloso para relajarse. Conserva vestigios arqueológicos de diferentes culturas, desde tiwanakotas hasta incas, pasando por aimaras o quechuas. Tiene un relieve pronunciado, con terrazas para el cultivo. El punto más alto es el cerro Chequesani de 4075 m. Casi desde el mismo embarcadero de Saxamani arranca la Escalinata del Inca, que asciende unos 60 metros por encima del lago. Allí se encuentra la Fuente de las Tres Aguas, de la Purificación, de la Vida y de la Juventud. Al final se accede a un estupendo mirador desde el que se aprecian las cimas nevadas de la cordillera de los Andes en todo su esplendor.


Isla de la LunaTambién conocida como isla Koati, al norte de la península de Copacabana y al sudeste de la isla del Sol. Es la segunda isla sagrada de los incas y conserva restos de la antigua civilización. La isla es pequeña, poco más de 1 km², pero el panorama de la cordillera Oriental que se puede apreciar desde ella es impresionante. Alberga las ruinas de lo que posiblemente fue un Acllahuasi o Templo de las vírgenes del Sol, al que las niñas eran llevadas a partir de los 10 años de edad. Se seleccionaban mediante convocatorias anuales en todo el imperio como pago de tributos hacia el inca o, en muchos casos, ingresaban por voluntad propia.



A orillas del lago Titicaca se encuentra Copacabana, un pueblo pequeño que no tiene mucho que ver con la famosa playa de Río de Janeiro, pero que es particularmente célebre en Bolivia por su Santuario, que ya desde tiempos precolombinos era lugar de culto y ceremonial. Si hoy se venera a la Virgen Morena o Virgen de Copacabana, a la que adoran por sus rasgos indígenas, antiguamente era meta de peregrinaciones hacia la Isla del Sol y de la Luna. 



La actual iglesia católica data del siglo XVI. Sobre la fachada blanca del edificio destacan las cúpulas brillantes y en el interior  sobresale el altar reluciente de oro y plata.  Hoy el Santuario de la Virgen de Copacabana es centro de espectaculares peregrinaciones, donde se mezclan ritos de la religión católica con tradiciones indígenas.



Según algunas fuentes esta ciudad toma su nombre de la expresión “Coppa-kcaguaña”, el “camino de las estrellas que lleva hacia dios” (desde allí se aprecia claramente esa brújula natural que es la Cruz del Sur). Otros creen que es llamada así debido a la españolización del nombre de la precolombina deidad andina “Copakawana”, que vendría a ser el equivalente a la diosa griega Afrodita o la romana Venus. El culto que se rendía a Copakawana era para que bendijese las uniones y favoreciese la fecundidad.